1 de agosto de 2007

RAKEL ARCHER

Cuando tus demonios te ponen una pluma entre las manos tienes dos opciones: acabar con el brazo negro por los churretes de la tinta que gotea o escribir. Al principio fueron mis propios tormentos en forma de cartas que nunca vieron la luz. Y más tarde, cuando el nivel de hormonas que soporta un ser humano roza el paroxismo, ventilaba mi mala leche escribiendo poemas satíricos que acababan haciéndose muy populares en el entorno estudiantil. Muchos trasiegos después, gané un pequeño concurso local de relato corto y alguien me dijo que los cuentos eran para los niños...
Un buen día, pasado largo tiempo, tropecé con Hobbes que, tras llevarme a jugar me pidió que le contara un cuento. No sabía por dónde empezar, pero creo que salí airosa. En ese momento decidí recuperar mi pluma. La busqué por todos los armarios y cajones que encontré a lo largo y ancho de mi cabeza hasta que dí con ella. Estaba un poco oxidada, pero funcionaba, y me dediqué a escribir cuentos. Y algunos cuentos tomaron personalidad propia, se amotinaron y quisieron verse frente a un espejo para ver qué había hecho con ellos. Desde entonces buscan la mano que les dará forma y color.
Mi pluma también se amotinó: decidió que sus géneros estarían entre el terror, el fantástico y el género negro, aunque no le hace ascos a nada (incluso tiene un encargo de letras para canciones, va en serio).
Mientras pluma y cuartillas bailan a mi alrededor impartiendo su propia justicia he podido negociar con ellas. Me han dejado los brazos libres de sogas y así puedo participar en webs literarias, auto publicaciones y un pequeño proyecto editorial llamado Oniria que pronto verá la luz.
En la otra vida, cuando Hyde se acuesta, la Doctora Jekyll se dedica a las terapias naturales. Y aunque ambas profesiones se pueden ejercer en cualquier parte, de momento anda recluida en Barcelona.


Mail de contacto: rakelarcher@gmail.com

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